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Trueque: la moda vintage de la economía

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Al igual que prendas de vestir, accesorios y demás elementos existen ciertas prácticas que se reciclan, una de ellas es el trueque. Con miles de años de antigüedad perdura en el tiempo recrudeciendo con fuerza en los momentos de crisis económica. Aunque, si bien su esencia es la misma se aggiorna al periodo histórico en el que se sitúa. 
Actualmente en la Argentina son cada vez más los trueques que resurgen producto de una realidad económica que los devuelve al primer plano. En el distrito de Merlo, Provincia de Buenos Aires, funciona uno de los más grandes de la zona oeste del conurbano bonaerense: “Trueque/canje LULU”.

Establecido hace un año en la Asociación Española de Socorros Mutuos de Merlo, más conocida como Club Unión de Merlo, todos los sábados por la mañana reúne a centenares de personas que intercambian bienes de todo tipo. Tal es su dimensión que su “fan page” de Facebook cuenta con más de 30.000 miembros. “Empezamos siendo mil y ahora somos casi 33.000”, relata Silvia “Lulú” Aranda, fundadora del espacio. El mismo surge hace tres años fruto de la coyuntura económica del país que al agudizarse en el tiempo provocó el aumento exponencial de sus integrantes. 

El característico cartel que anuncia la movida.

Con una jornada que empieza temprano, Lulú y sus compañeras están atentas a todos los detalles para lograr que la actividad se desarrolle adecuadamente. “Llegamos al club a las ocho de la mañana para acomodar todo. Ordenamos las mesas y las numeramos para que la gente se encuentre. Después generamos padrones para ubicar a cada persona”, narra la organizadora. Cuando todo está listo se hace ingresar a los presentes, los cuales por una entrada de $10 pueden conseguir la mercadería necesaria para alimentar a sus familias. De este modo, se intercambia desde comida hasta ropa, electrodomésticos, muebles, entre otros bienes. Todo menos bebidas alcohólicas y cigarrillos, siendo la leche en polvo el producto más codiciado por la gran cantidad de chicos que hay. 
Como explica Silvia Aranda, al trueque llega gente de todas partes: “Hay personas de  Varela, de Villa del Parque, de Tigre, de Morón, de todos lados”. A su vez, la situación de los miembros difiere, dado que hay individuos desempleados y otros con empleo, pero que el sueldo no les alcanza. También, hay mujeres que elaboran sus propios productos y otras que comercializan bienes usados o comparados. Entre ellos se encuentra Silvia Gómez una artesana que se dedica a confeccionar diversas piezas en tejido. “Comencé a tejer a los ocho años cuando me enseñó mi mamá y luego continúe, ya que se transformó en mi pasión. Aparte se convirtió en un medio para ayudar en mi casa”, expone Gómez. Así, gracias a este espacio y su oficio puede conseguir diferentes bienes de consumo: “Mis productos los intercambio por distintas cosas, por ejemplo, si son gorros chicos por alimentos básicos como azúcar, fideos, arroz o puré de tomate, y si son artículos más elaborados pido yerba o aceite”. Además de llevar comida a su casa, la comerciante textil halla en la tarea la satisfacción de ayudar a otras mamás: “Yo vestí a todos los chicos de acá con el trueque”.
Otra de las integrantes de esta práctica es Keyla Mordka, una joven cocinera que elabora comestibles dulces y salados de pastelería y panificados para mercantilizar en el trueque. “Empecé trayendo ropa para trocar por mercadería y comencé a ver que las chicas traían tortas, pastafrola y todas esas cosas, entonces dije voy a empezar a hacerlo yo para ayudar en casa, porque mi marido está sin trabajo hace siete meses”, retrata Mordka. A quien dicha actividad le permite darle de comer a sus hijos: “A mí me ayuda bastante lo que hago, dado que cambio lo que fabrico por tres o cuatro bienes. Lo principal que pido es leche, debido a que tengo tres hijos”. Sin embargo, según la emprendedora gastronómica, no es tarea fácil llevar adelante su trabajo: “Necesitaría tener algo mejor para realizar los productos y no tener que estar tanto tiempo, porque con los nenas se complica”.
Al igual que un oasis en el desierto, el trueque es una fuente de subsistencia dentro de una economía excluyente, donde unos pocos se llenan los bolsillos a costa de millones. Al respecto, Ivonne Quintero, otra de las administradoras del espacio, resalta el valor de esta práctica para las comunidades donde se insertan: “Es una ayuda, porque imagínate que una familia que no tiene trabajo viene acá y se lleva mercadería que necesita”.